Jorgun, bendiciones. Los jovenes en la preadolescencia ya son susceptibles a los condicionamientos sociales y comienzan a tener una necesidad real de aceptación, lo que en definitivas plantea el mayor problema (si sus amigos o cercanos no tienen orientación hacia la virtud cristiana). En otras épocas, esto no representaba problema, ya que afortunadamente había una inclinación más o menos -estandarizada- en la enseñanza de la moral y en los conceptos de autoridad. Ahora con el relativismo moral se dista mucho de esa situación. A esas edades comienzan a necesitar una orientación radical con modelos positivos de comportamiento. Por lo tanto en el tema de lo religioso (y que en definitivas sería lo que forjaria su inclinación moral), en el caso de los padres o acudientes especialmente recae una responsabilidad enorme, obligandolos a ser modelos de las virtudes cristianas y de respeto frente a las celebraciones de índole religioso, acompañando esto además obviamente de la enseñanza de la moral y la tradición. Por ejemplo, si el niño ve a su padre mal vestido en la Misa, esa puede ser la actitud que tome para siempre; si observa irrespeto e irreverencia, asi mismo será en un futuro. Si escucha conversaciones que presenten conductas amorales en la familia como cotidianas, asi mismo será su posición frente a ellas más adelante. De manera pues que el preadolescente, en si mismo es un reto para los adultos para retomar la senda de Dios, aprender más sobre él y su Iglesia y la moral que enseña, y ser capaz amorosamente de prestar un acompañamiento en la adolescencia donde surgen mayores dudas fundamentales y de este modo lograr en él, el discernimiento que necesitará para la edad adulta. UN SALUDO EN EL SEñOR