PARA HOBBYEQ -Las apariciones de la Virgen son las que atraen más gente... A pesar de esta importancia innegable, el estatuto de las apariciones dentro de la Iglesia es muy modesto y está puesto en discusión... Muchas de ellas son toleradas, aunque no reconocidas oficialmente-. (René LAURENTIN) 1. Introducción En los últimos años se han estado difundiendo con mucha rapidez entre los fieles católicos una serie de libros y folletines con mensajes marianos o de ciertos videntes que están confundiendo a los fieles y muchas veces contradiciendo los contenidos de la fe católica en algunos grupos de oración, generando no pocas veces un fanatismo iluminista que aleja de Cristo en lugar de llevarnos a él. Hemos encontrado demasiada desorientación en torno al tema y la difusión de una imagen de Dios que contradice lo que nos ha sido revelado en Jesucristo. A nadie le esta prohibido leerlos en forma personal o por curiosidad, pero eso no significa que la Iglesia los avale. Y aún en el caso de las devociones y -revelaciones privadas- aprobadas nunca hay que considerarlos como revelación directa de Dios, en el sentido de un dictado divino, ni mucho menos ponerlo como una novedad que agrega algo a lo ya revelado en Cristo de una vez para siempre. Porque si algo es claro en el cristianismo es que Jesucristo es la última Palabra de Dios a los hombres y en él se manifiesta la plenitud de la revelación divina. El mismo místico san Juan de la Cruz escribe al respecto: -Si la fe ya está fundada en Cristo y en el Evangelio, no hay para qué preguntar más. En Cristo, Dios ya dijo todo lo que tenía que decir. Y buscar nuevas revelaciones y o visiones sería una ofensa a Dios, pues sería como sacar los ojos de Cristo, buscando alguna otra novedad-[1]. Por otra parte cuando la Iglesia aprueba ciertas -revelaciones privadas-, lo que aprueba es el culto a tal o cual devoción y la autenticidad de la experiencia mística del vidente, pero no la calidad de sus escritos como -revelación-. Aunque si las aprobara éstas no agregan nada a lo ya revelado, y además nadie está obligado a creerlas, ya que no pertenecen al depósito de la fe de la Iglesia. No tienen el mismo valor que la revelación contenida en la Biblia[2]. Y esto no siempre lo aclaran. En 1738 el Papa Benedicto XIV (dos años antes de ser nombrado Pontífice) publicó un tratado titulado: -La Beatificación de los Siervos de Dios-, donde escribe: -Las revelaciones privadas aunque hayan sido aprobadas por la Iglesia, no se les debe atribuir un asentimiento obligatorio. Por lo tanto uno puede rechazarlas y negarse a aceptarlas-[3]. El mismo Catecismo de la Iglesia Católica nos aclara al respecto: :-A lo largo de los siglos hubo revelaciones llamadas privadas, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Guiados por el Magisterio de la Iglesia, los fieles deben discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia- (N- 67). Y el mismo Concilio Vaticano II en su constitución dogmática sobre la Iglesia afirma: -El Romano Pontífice y los Obispos, por razón de su oficio y la importancia del asunto, trabajan celosamente con los medios oportunos para investigar adecuadamente y para proponer de una manera apta esta Revelación; y no aceptan ninguna nueva revelación pública como perteneciente al divino depósito de la fe-. (LG 25) En el anterior Código de Derecho Canónico (1917) el canon 1385 prohibía -los libros y libelos que narran nuevas apariciones, revelaciones, visiones, profecías y milagros, o lanzan nuevas devociones, aun bajo el pretexto de que son privadas-. Fue Pablo VI quien abolió este canon en 1970, dando mayor libertad a estas manifestaciones, sin embargo el mismo Papa advertía en 1964 (LúOsservatore Romano, 18 de agosto de 1964): -Algunos piensan con ingenua mentalidad que la Virgen es más misericordiosa que Dios. Con juicio infantil sostienen que Dios es más severo que la Ley, y que necesitamos recurrir a la Virgen ya que, de otro modo Dios nos castigaría. Es cierto que la Virgen es intercesora, pero la fuente de toda bondad es Dios-.