Para que Pablo fuera a Roma, fue necesario que antes fuera a Jerusalem, que ahí fuera juzgado, que ahí diera testimonio, luego tomado en resguardo por la autoridad romana y luego enviado a Roma para ser juzgado, y para qué hablar del naufragio en su viaje a Roma. Parecería como que Jesús le diera un trato y papel muy difíciles a Pablo. Es claro que él era feliz porque amaba a Cristo y cualquier sacrificio no le importaba con tal de predicar el evangelio. Pero, quizas hablando como San Pedroante Jesús, no hubiera bastado que el Espíritu Santo le dijera que tenía y debía de ir a Roma para predicar. Me maravilla el amor de Pablo y su disposición para los sacrificios que tuvo que vivir, quizás sea el mismo heroismo todos los santos.