A veces Dios permite la duda y las dificultades para que después salgamos fortificados en la fe y la vocación, y sobre todo en el amor a la Iglesia y al camino que nos ha señalado.
Si las dificultades en la comunidad son de convivencia, piensa que en todas partes existen esas dificultades, en la propia familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo, etc., en un sitio donde además cada uno es de su padre y de su madre, con su carácter, y sus convicciones, es necesario crecer en humildad y caridad. Siempre nos ayuda a limar las asperezas de nuestro propio yo, y hacernos semejantes a Jesucristo, que ama a todos los hombres sin excepción.
Te recomiendo el libro de -Historia de un alma- de Santa Teresa de Lisieux-, aprenderás mucho
besos
Ana