Francisco Javier.
No, un Sacerdote de Jesucristo no debe ser muy amigo de las ganancias. Sobre esto habla:
1 Timoteo:
3:1 Es muy cierta esta afirmación: -El que aspira a presidir la comunidad, desea ejercer una noble función-.
3:2 Por eso, el que preside debe ser un hombre irreprochable, que se haya casado una sola vez, sobrio, equilibrado, ordenado, hospitalario y apto para la enseñanza.
3:3 Que no sea afecto a la bebida ni pendenciero, sino indulgente, enemigo de las querellas y desinteresado.
Con tristeza hay que reconocer que en el servicio a Cristo, muchas veces prima en algunos sacerdotes el gusto por intereses inútiles y afecto por el dinero. Para no ir muy lejos, Judas Iscariote (llamado al Obispado como apóstol) fue el primer traidor a Jesús por intereses propios y por dinero. Tan grande fue el amor de Jesús por nosotros, que permitió verse traicionado de una manera previsible en el tiempo, para que nosotros 2000 años después, no nos desanimemos ante casos como estos. Si con la gracia de Jesús en presencia material pasó lo que pasó, que se puede esperar de personas que quizás han claudicado en el amor del Señor.
Más nos conviene orar que juzgar, aunque por supuesto es una pena y una vergüenza, porque la Iglesia recibe por ellos un halo de descrédito y nadie se molesta en ver los aciertos y la caridad de los sacerdotes santos que entregan todo de si por el evangelio, sino que todos, y en especial los medios, son más amigos de buscar en la carroña.
No obstante por cada sacerdote infiel, miles hay dando la vida por Jesucristo y es en esos héroes que reposa nuestra confianza en el estado clerical y donde sobreabunda la gracia de Cristo.
BENDICIONES.