TRABAJO DE INICIACIóN A LA FE. -Manifestación de Fe en el Nuevo Testamento- INTRODUCCIóN. La fe en el Nuevo Testamento, a diferencia del Antiguo, se centra en Jesucristo como único salvador del mundo, quien ofreció un perfecto sacrificio cruento que deja obsoleto los sacrificios practicados con animales, ofreciéndose él mismo como sacerdote, víctima y altar. Esta fe causa gran escándalo entre los judíos desde ese tiempo hasta la actualidad. Los escritos del Nuevo Testamento, fueron inspirados por el Espíritu Santo y redactados por los Apóstoles para proclamar las enseñanzas del Cristo que había pasado por la tierra, haciéndose semejante al Hombre menos en el pecado y así transmitir el mensaje del Padre celestial y la promesa de vida eterna, haciendo de su vida un ejemplo de fe. Los Apóstoles después de Pentecostés, recobraron fuerzas y ánimos para anunciar la Buena Nueva, arriesgando incluso su vida; recordemos que los cristianos fueron cruelmente perseguidos por los sacerdotes judíos de la época, y en la mayoría de los casos fueron martirizados por quienes consideraban el cristianismo una blasfemia. El Nazareno no vino a cambiar las leyes, sino a perfeccionarlas. Poner en marcha entre su pueblo el plan salvífico del Padre y hacerlo cada vez mas latente en la actualidad de aquel entonces e incluso hasta nuestros días. La Fe es una actitud de la totalidad del ser, también la voluntad y el intelecto. La fe es ante todo una experiencia; no es creer en algo, sino en alguien, en el Dios revelado en y por Jesús. Por eso quien cree en Jesús, cree en Dios. Esta fe comporta ciertamente creer en los valores que vivió Jesús y en los ideales que predicó, pero también se debe establecer una relación con Jesús. Por tanto la fe es una repuesta humana y voluntaria que consiste en entablar una relación de amistad con Jesús que te conducirá a un encuentro con Dios y los demás y que se expresa en la comunidad cristiana, en la oración, la celebración y el estilo de vivir y compromiso. Comprende una adhesión de la inteligencia y voluntad a la revelación que Dios ha hecho de si mismo mediante sus actos y palabras. Los teólogos cristianos modernos, resaltan el carácter existencial absoluto de la fe, para distinguirla así del concepto popular que la identifica con creencia por oposición a conocimiento. La Idea De La Fe En El Nuevo Testamento. Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hb.11,1). Para los autores del Nuevo Testamento, la fe ha encontrado su centro en la relación de los creyentes con Jesucristo. Pero la idea de fe en el Nuevo Testamento va más allá de la expuesta en los libros sagrados hebreos porque añade el concepto de -creer en- o -creer que-. Por lo tanto, la teología cristiana ha distinguido de forma tradicional entre el elemento subjetivo de la fe, que implica la acción sobrenatural de Dios sobre el alma humana, y el componente objetivo de la fe, que se caracteriza por reunir un conjunto de verdades encontrado en los credos, en las definiciones de los concilios de la Iglesia y, en especial, en la Biblia. Durante la edad media, los teólogos católicos distinguieron dos tipos de verdades religiosas separadas pero en última instancia compatibles: aquellas que son accesibles a la razón humana sin ninguna otra ayuda, como la creencia en la existencia de Dios y aquellas que requieran de la fe para poder ser aprehendidas, como la creencia en la resurrección después de la muerte. Desde una perspectiva histórica, la Iglesia católica apostólica romana ha definido la fe como, la total aceptación de la doctrina y de la autoridad absoluta de Dios en lo que revela o promete revelar. No todos lo cristianos han creído que las exigencias de la fe son compatibles con las de la razón. Muchos de los primeros cristianos, entre ellos San Pablo y el teólogo del siglo II Tertuliano, insistieron en que la fe parece un disparate a los ojos que no han sido abiertos por la gracia de Dios. En un n sentido similar, el teólogo y filósofo Danés del siglo XIX Sören Kierkegaard sentía que un abismo separaba la razón humana de la fe y que el supuesto creyente tenía que dar -un salto de fe- sobre ese abismo para encontrar la salvación. En general, los teólogos protestante modernos han subrayado, al igual que lo hizo Kierkegaard, el aspecto subjetivo o individualista de la fe y se han centrado en el riesgo y el sacrificio moral que implica intentar llevar en el orden cotidiano una vida cristiana, en vez de aceptar de aceptar los credos como una expresión de la fe. El Nuevo Testamento presenta a Cristo como el intercesor, que desempeña las funciones del sumo sacerdote el día de la expiación. El entra una sola vez en el santuario celestial para interceder ante Dios en favor nuestro. Es sacerdote y al mismo tiempo -victima de propiciación-, por los pecados de todo el mundo. Jesús, como el gran intercesor que expía por nosotros, se revelará plenamente al final de nuestra vida, cuando se manifieste con el ofrecimiento de misericordia, pero también con el juicio inevitable para quien rechaza el amor y el perdón del Padre. Todo el antiguo testamento es una profecía del nuevo, esto quiere decir acerca del Cristo. El apóstol Mateo Dijo: -Por que todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan- (Mt. 11:13); todo esto es porque, hasta Juan el Bautista todo era profecía y desde Jesús en adelante, ha llegado la realidad. Lucas nos, dice: -La ley y los profetas eran hasta Juan; entonces el reino de Dios es anunciado y todos se esfuerzan en entrar en él- (Lc. 16:16). Todo lo que pasa en el Nuevo Testamento, tan solo es la profecía que se venia anunciando desde el Antiguo Testamento. En los orígenes de la Iglesia, la regla de fe se encontraba en la enseñanza oral de los Apóstoles y de los primeros evangelizadores. Por lo que nos debiera quedar en claro que el testimonio principal de la vida y doctrina de la palabra hecha carne, nuestro salvador, se encuentra impreso en los versículos que componen los evangelios, los hechos de los apóstoles, epístolas y cartas católicas. Cabe además destacar, tal como lo hace desde siempre la iglesia, que los cuatro evangelios son de origen apostólico, pues predicaron por mandato de Jesucristo e inspirados por el espíritu Santo, fueron ellos mismos quienes ayudados por otros de su generación escribieron los cuatro evangelios, para ser posteriormente el -Gran Fundamento de nuestra Fe-. La Iglesia afirma sin dudar la historicidad de estos cuatro evangelios, debido a que transmiten fielmente lo que Jesús, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente hasta el día de su gloriosa Ascensión, para la eterna salvación de los mismos. Los Apóstoles, después de la Ascensión del Señor, comunicaron a sus oyentes los dichos y hechos que protagonizó el Mesías con la mayor comprensión que les daban los acontecimientos Gloriosos de Cristo e iluminados por la enseñanza del Espíritu Santo. Estos -acontecimientos Gloriosos- están constituidos principalmente por dos acontecimientos: •La resurrección del Señor, pues les proyectó la luz de su muerte en cruz y también sobre todo lo que había hecho y proclamado antes de su pasión, lo que les permitió creer definitivamente en él al haber sido testigos de los sucedido el domingo de pascua. •Y por otro lado la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, que les dio la valentía de proclamar las enseñanzas de Jesús (-Vayan por todo el mundo y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos-... Mt.28, 19ss) y fueron iluminados por este Espíritu de Verdad que los llevó a la redacción de los libros sagrados. Los autores sagrados compusieron los cuatro Evangelios, escogiendo datos de la tradición oral o escrita, reduciéndolos a síntesis, adaptándolos a la situación de las diversas iglesias, conservando el estilo de proclamación; así nos transmitieron siempre datos auténticos y genuinos acerca de Jesús para que conozcamos la verdad de lo que nos enseñaba, sacándolo de su memoria o del testimonio de los que asistieron desde el principio y fueron testigos de la palabra. En cuanto a los libros restantes del Nuevo testamento, según el plan de Dios, confirman la realidad de Cristo, nos explican su auténtica doctrina, proclaman la fuerza salvadora de la obra de Cristo, cuentan los comienzos y la difusión de la Iglesia, predicen su consumación gloriosa. Lo más relevante es la presencia de Jesús y su Espíritu en estos libros para introducirnos en la novedad revelada, es decir, la Buena Noticia, el camino que nos lleva a la plenitud de la verdad de la divina Revelación. Para una concepción más completa de la fe, podemos decir que, creer de modo cristiano es aceptar la auto-revelación de Dios en Jesucristo, que constituye el contenido esencial del Nuevo Testamento. El concilio vaticano II nos dice que -Cuando llegó la plenitud de los tiempos, la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros llena de gracia y de verdad. Cristo estableció en la tierra el reino de Dios, se manifestó a Sí mismo y a su Padre con obras y palabras. Llevó a cabo su obra muriendo, resucitando y enviando al Espíritu Santo. Levantado de la tierra, atrae a todos hacia si, pues es el único que posee palabras de vida eterna- De todo esto es de los que dan testimonio los escritos del Nuevo Testamento. Y por los mismo es que constituyen un particular apoyo para nuestra fe. Hay cristianos que buscan en los evangelios lo que estos no les pueden dar. Leen en ellos y les hacen decir lo que ni ponen ni dicen. Los evangelios son catequesis sobre Jesucristo, anuncios de su persona, que interpela a los oyentes. Hoy también, son una palabra viva que invita a comprometerse con Cristo, a seguir sus pasos y a permanecer en su amor. En una palabra, a ser sus discípulos. Cuando se -proclama- el evangelio no se puede permanecer neutral. O con Cristo o contra él. Sobre todo, es necesario, es necesario interpretar la vida y enseñanzas de Cristo desde la fe. Esto no es falsear su perspectiva, ni vaciarlas de contenido histórico, sino todo lo contrario. La realidad tiene distintos niveles de profundidad, pero no todos se alcanzan por procedimientos meramente humanos. Negar por sistema que Dios actúa en el Hombre para que este pueda conocer mas allá de lo que alcanzan sus sentidos y su razón, es condenarse a no conocer las cosas y los acontecimientos como realmente son. Este es el problema y el misterio de la fe: penetrar en el sentido más hondo de la vida de Cristo es un don gratuito de Dios, un fruto de la acción del Espíritu Santo en el hombre. Y esa gracia de la fe es lo que permite descubrir, en la realidad de la vida humana de Jesús y de su muerte, lo que en ellas hay de mas real. La fe no lleva al conocimiento de mitos, sino al de realidades. Sólo ella descubre en algunos acontecimientos su verdadera y real dimensión salvífica y toda su importancia para el futuro. Los evangelistas no se contentaron con que Jesús dijo e hizo tal y tal cosa. Inspirados por el soplo de Dios han escrito la única historia de Jesús digna de ese nombre. Con ella manifestaron el verdadero sentido de su vida y de su enseñanza. En el Nuevo Testamento se nos presenta a Jesús, el cordero de dios que ofreció su propia sangre de una vez y para siempre; y a base de la misma, Dios perdonó los pecados hasta de los creyentes del Antiguo Testamento. Justificar en el Nuevo testamento significa hacer recto o justo y considerar, declarar o mostrar que se es justo. Un hombre queda justificado ante Dios cuando Dios le considera justo, es decir, cuando Dios no solo ha perdonado sus pecados sino que pone en su cuenta toda justicia. El que cree es justificado de todos sus pecados en el momento en que cree. No solo son apartados todos sus pecados de la presencia de Dios, sino que en la cuenta de dios es puesta en el haber de tal la propia justicia de Dios en Jesucristo. Cuando Jesucristo murió en la Cruz del calvario, tomo nuestro lugar y en el momento en que creemos en él, nos ponemos en s