Salmo 27:10 Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá. La segunda imagen ilustra claramente la confianza serena del fiel, a pesar del abandono incluso por parte de los padres: -Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá- (Salmo 26, 10). También en la soledad y en la pérdida de los afectos más queridos, el orante nunca está totalmente solo porque sobre él se inclina Dios misericordioso. El pensamiento se dirige a un célebre pasaje del profeta Isaías que atribuye a Dios sentimientos de compasión y de ternura más que materna: -¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido- (Isaías 49, 15). A todas las personas ancianas, enfermas, olvidadas de todos, a las que nadie dará nunca una caricia, recordemos estas palabras del salmista y del profeta para que sientan cómo la mano paterna y materna del Señor toca silenciosamente y con amor sus rostros sufrientes y quizá regados por las lágrimas.