Un Espacio Católico de Evangelización

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por (2,640 puntos) en Apologética
y ustedes creen que los problemas de los que todos sabemos se acaben y esta sea la mejor desicion que se pueda tomar en la iglesia.

2 Respuestas

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Choche,
No más te digo que podría suceder (de hecho hay ritos católicos orientales que lo permiten), sin pensar que así vaya a suceder y ojala que no sea así.
Eso no acabaría con ningún problema de la Iglesia, los agravaría. El mundo se evangelizo casi por completo con sacerdotes santos y célibes, y es que cambio la humanidad? Cambió la naturaleza del hombre? Cambio lo que conviene de Cristo? O es que simplemente es la sociedad se ha hecho sinvergüenza e intolerante de las virtudes?
Y es que cuando se cree en la palabra de Dios, se aborda más fácil esto sobrepasando las opiniones de los hombres. Si Cristo dice, los argumentos de los demás sobran.
Los problemas reales de los seminaristas son:
-Homosexuales que buscan refugio en los seminarios.
-Falta de compromiso y fidelidad a los votos.
-Mucho amor a las cosas del mundo y a caer bien por parte de algunos miembros del clero.
-Prostitución de los medios y las conciencias.
-Falta de tino para la imposición de manos.
Lo que hay que hacer es santificar la Iglesia, ARRANCAR LO QUE ESTá FLOJO y no ceder a los gustos del mundo. Si Cristo todo lo vale, es bueno que hayan comprometidos en ello. Eso es dar ejemplo.
Yo me quedo con San Pablo (exponente abanderado del pensar del Espíritu Santo) cuando dice en tiempos difíciles:
-Creo, pues, que esto es bueno en vista de la presente aflicción; es decir, que es bueno que el hombre se quede como está.¿Estás unido a mujer? No procures separarte. ¿Estás libre de mujer? No busques mujer.- 1 Corintios 7,26-27.
Más aflicción hay ahora y más necesidad de la moderación y la virtud como ejemplo a darse.
Las otras citas de Cristo y Apocalipsis ya los conoces y esas palabras son eternas.
BENDICIONES AMIGO.
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Estimado hermano en Cristo Dios te bendiga Su pregunta sobre el celibato la respondo como sacerdote ordenado hace 19 años y MUY feliz de poder imitar a Cristo célibe. Lo considero un don que no merezco. Primero, recuerda que para buscar la verdad hay que comenzar con no enredar las cosas. A nuestro enemigo el diablo le gusta mucho torcer la verdad para engañar. Ya en el principio la serpiente le dijo la mujer: -¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?- (Gen 3,1) Dios no había dicho de -ninguno- sino que podían comer de todos menos uno. La diferencia es grande. Pero el diablo quiso exagerar la prohibición para presentar a Dios como un enemigo del hombre. Usted nos pregunta por qué la Iglesia -impone- el celibato a -todo aquel que tiene un cargo dentro de la iglesia católica-. Es cierto que la jerarquía de la iglesia es célibe, pero hay diáconos casados y además hay muchos laicos con cargos en la Iglesia sin ser célibes. Además a nadie se le obliga a ser sacerdote ni a ser célibe. Escogimos y aceptamos libremente ser sacerdotes con todo lo que la Iglesia requiere para esa vocación. Un candidato al sacerdocio, aun cuando se sienta muy seguro, tiene muchos años de seminario para pensarlo bien y tomar una decisión libre y madura. Yo lo acepto felizmente porque sé que es Dios mismo quien me lo pide a través de la Iglesia. Soy célibe, no por una imposición arbitraria sino por una llamada de Dios a la cual asiento con todo mi corazón y con profundo agradecimiento y alegría. Dios me ha pedido una entrega y me ha dado más que el 100 por uno, tal como lo prometió. Nos preguntas si creemos que a Dios se le pasó un detalle. -No, a Dios no se le pasó nada por alto. Todo lo hizo perfecto. Es así que regaló al hombre el maravilloso don del matrimonio, elevándolo a ser sacramento. Pero también quiso invitar a algunos al excelso don del celibato. Así quiso enriquecer a su Iglesia con diversas vocaciones, todas fundamentadas en el amor, todas para Su gloria. ¿Por qué ser célibes? Comprendo que no se entienda desde la perspectiva de este mundo. Hay que abrir el corazón a otra dimensión, pues somos capaces de un amor superior, un amor que nos llama a la inmolación de los deseos carnales. Lo hacemos con alegría, no por despreciar la creación de Dios (¿no somos maniqueos!) sino para entregarnos más de lleno a Dios y ser más libres para servir a todos. El papa Benedicto XVI (cuando era cardenal) dijo: -Ser vírgenes y saber practicar periódicamente el ayuno es atestiguar que la vida eterna nos espera; más aún, que ya está entre nosotros. Sin virginidad y sin ayuno, la Iglesia no es ya Iglesia; se hace intrascendente, sumergiéndose en la historia-. Imitación a Jesucristo. Cuando la Iglesia requiere a los sacerdotes del rito romano el celibato nos está llamando a ser como Jesucristo quien fue célibe para entregar su corazón igualmente por todos los hombres. San Pablo comprendió esto muy bien, siendo él también célibe y por eso lo recomendó como el mejor camino: -Por tanto, el que se casa con su novia, obra bien. Y el que no se casa, obra mejor.- I Cor 7, 38. ¿Fueron los 12 apóstoles casados?. No lo sabemos con certeza. Ni siquiera sabemos si San Pedro estaba casado cuando lo llamó el Señor. Sabemos que tenía suegra, pero podría haber sido viudo ya que su esposa no se menciona. La Iglesia tiene la autoridad de Cristo. Es cierto que el requisito del celibato para los sacerdotes es una disciplina eclesiástica y no un Mandamiento del Señor, y es cierto que en la Iglesia Católica, en los ritos orientales, hay buenos sacerdotes casados. Pero la Iglesia tiene la autoridad para establecer los requisitos de los candidatos al sacerdocio porque el sacerdocio no es de derecho natural. Es decir nadie tiene -derecho- a ser sacerdote sino que se trata de un llamamiento sobrenatural. Hebreos 5,4-5 Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón. De igual modo, tampoco Cristo se apropió la gloria del Sumo Sacerdocio, sino que la tuvo de quien le dijo: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy. Los católicos creemos que Cristo estableció una Iglesia y le prometió el Espíritu Santo para que pudiese enseñar con autoridad la verdad. A sus pastores les otorgó autoridad para gobernar y establecer la disciplina eclesiástica. Comprendo que quien no acepta la autoridad de la Iglesia y piensa que se trata de un invento de los hombres, no puede apreciar lo que el Espíritu enseña a través de ella. Creo que aquí radica la diferencia fundamental entre nosotros. Pero al menos pienso que podría usted admirar que algunos cristianos quisieran seguir la recomendación (ya citada) de San Pablo sobre el celibato para ser así imitadores de Cristo. ¿Y las tentaciones? A usted le parece que el celibato pone una carga que lleva a la tentación. Comprendo que para muchos el celibato sea incomprensible. La mayoría de las personas están llamadas al matrimonio, vocación más fácil de entender al nivel natural. El celibato no se puede entender sin una gracia especial sin la cual sólo se ve aquello a lo que se renuncia. Pero hay mucho más: se renuncia no para quedarse en el vacío sino porque Dios quiere unir nuestro corazón al suyo que es todo amor. Es por El que renunciamos al deseo natural de tomar esposa y tener una familia propia. Aunque es cierto que el celibato libera para poder dedicarse más al apostolado, esa no es su razón principal. El celibato es ante todo ofrenda a Cristo de un corazón indiviso. Lo hacemos impulsados por un amor loco que se entregó por nosotros en la Cruz. Lo hacemos para ir más allá y vivir sólo para El y como El. El celibato es entonces un signo de la vida del cielo donde el amor no es carnal sino pura participación de la vida divina. Mateo 22,29-30 Jesús les respondió: -Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios. Pues en la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en el cielo. Toda vocación requiere negación de sí por amor a Cristo y siempre el enemigo querrá hacer ver que la felicidad está en no sacrificarse. El demonio hace ver como si fuera imposible ir más allá de lo terreno, de lo natural. Entonces el celibato sería imposible. Por el contrario, la fe nos lleva a confiar en que Cristo nos da la gracia para una vida nueva, una entrega más radical que sirva de signo para el mundo del amor del cielo. Las tentaciones no se vencen huyendo de la vocación sino viviéndola bien, en profunda gratitud y entrega. El sacerdote que vive bien su sacerdocio tendrá la asistencia divina para una generosa entrega de su corazón. Primero en su relación personal con Dios y con la Virgen nuestra Madre. Entonces, dándose en la pastoral, sirviendo como padre al pueblo de Dios. ¿La mejor defensa está en vivir desde el Corazón de Jesús y de María nuestra vocación!. ¿Le aseguro que felicidad igual no hay en este mundo! Pues la transformación en Cristo, según la vocación de cada cual, comienza aquí en la tierra. Por eso quien cree en el poder transformador de Cristo y confía en El, será capaz de vivir felizmente célibe por el Reino de los Cielos. Si usted piensa que el sacerdocio está en crisis y que casarse resuelve la tentación, ¿cómo se explica usted la crisis matrimonial que es aún mayor hoy día? Querido hermano, Jesús es infinitamente poderoso y bueno. El nos da todas las gracias necesarias en la Iglesia: los sacramentos, la doctrina, la riqueza de la comunión de los fieles. El problema no es la vocación sino nuestra falta de fe. Si quitamos los ojos de Cristo, nos hundiremos en las tormentas de la vida, tal como le ocurrió a Pedro cuando Jesús le llamó a caminar sobre las aguas. Mi experiencia. Recuerdo que antes de tomar mi decisión por el sacerdocio, el celibato me parecía una dura renuncia, pero una vez hecha la decisión me di cuenta de que no se podía comparar el sacrificio con el gozo del tesoro escondido que encontré en mi vocación. Le doy gracias a Dios de todo corazón por este regalo y comprendo que es sólo por El que puedo sostenerme fiel. Comprendo que otros, sin duda, podrán llegar a ser santos en el matrimonio (cosa tampoco nada fácil). Mi experiencia es que a los casados, si aman a la Iglesia, Dios les dará la apreciación de la importancia del celibato, como a nosotros los célibes nos da apreciación del matrimonio. Pues ambos son caminos de Dios que se complementan y enriquecen mutuamente en la gran comunidad que es la Iglesia. Mateo 19,29 Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna. En los Corazones de Jesús y María, Padre Jordi Rivero
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