Bendiciones Berta. La Muerte en sentido teológico, es la consecuencia del pecado, es la vaciedad que dá el alejamiento de Dios. Este sentido va más allá del simple sentido de la -descorporización- del alma y fin de la vida material, que sería la definición . La conciencia de la muerte le fue propia al hombre desde el inicio de los tiempos y en todas las culturas, asi mismo como la conciencia de la vida eterna.
Cuando oímos que, Jesús venció la muerte, es precisamente porque en su muerte en la cruz (es decir como un acto único e inexplicable, Dios se hace semejante a la debilidad humana y muere), restauró la gracia perdida al hombre justificando al hombre de nuevo frente al Padre.
El sufrimiento (corporal y espiritual) es una condición propia del peregrinar en el mundo, no por carga impuesta por Dios sino como resultado mismo de la condición pecadora del hombre (sociedad) y de la fragilidad corporal. En efecto es corredentor.
Es difícil entender este carácter corredentor que explica Miguel del sufrimiento, pero el mismo Jesús lo dice:
-Quien no me ame más que a todos, no puede ser mi discípulo (...) quien no cargue su cruz y me siga, no puede ser mi discípulo- (Lc 14, 25-33).
Lo esboza San Pablo en su carta a los colosenses:
Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia. -Colosenses 1,24
El favor personal y colectivo que se obtiene del sufrimiento ( y no al masoquismo, que es una perversidad) es un misterio, y así como el ayuno y la abstinencia, solo puede ser entendido con los ojos de la fe. Solo a la luz de la fe podemos confiar en Dios y crecer en medio de los sufrimientos. La mejor manera de unirnos al misterio del sufrimiento es la práctica de la caridad y en esta la prudencia.
UN SALUDO EN CRISTO JESúS.