querido hermano Los títulos de ramera y Gran Babilonia, lejos de referirse a la Iglesia, identifican a sus enemigos. La Iglesia está en oposición a la ramera y sufre martirio en sus manos. El Apocalipsis honra a la Iglesia por su fidelidad al Señor hasta dar su sangre en esta lucha. -Y vi que la mujer se embriagaba con la sangre de los santos y con la sangre de los mártires de Jesús. Y me asombré grandemente al verla- Apocalipsis 17,6. Hay un paralelo con la antigua Babilonia donde los judíos Sadrac, Mesac, Abegnego y Daniel se mantuvieron fieles ante la amenaza del martirio. Ahora es la Iglesia la que sufre en sus mártires. San Juan escribe en el año 95 AD, cuando Domiciano perseguía ferozmente a la Iglesia. En el Apocalipsis presenta a la ramera asesina que lucha contra la Iglesia fiel que padece su persecución. Se trata de una oposición entre el mal (la ramera) y el bien (la Iglesia fiel). La -Gran Babilonia- nos recuerda al sufrimiento de Israel en el AT. Nos encontramos entonces ante un paralelo entre Israel, víctima del poder de Babilonia y la Iglesia, víctima del poder de Roma. Pero hay también diferencias. Mientras Israel, después de la opresión en Babilonia, debe regresar a Jerusalén, la Iglesia, con el poder de Jesucristo, esta destinada a prevalecer sobre Roma (Babilonia) y desde allí ha de propagar el Evangelio por el mundo entero. La Iglesia tiene su sede en Roma pero es -católica-: universal. Es cierto que en Roma (que representa al mundo) no ha cesado de existir pecado. Está todavía dándose la lucha entre la ramera y la Iglesia. Es cierto también que el pecado del mundo contamina incluso a los miembros de la Iglesia. No estamos todavía en la Nueva Jerusalén (el cielo). Jesús advirtió que la cizaña crecería con el trigo y no sería arrancada hasta el fin del mundo. En la visión Bíblica, los fieles viven una alianza de amor con Dios, un matrimonio místico. La infidelidad a Dios es por tanto un acto de mujer ramera, de prostituta. El Apocalipsis es una advertencia a los cristianos de no caer en esa infidelidad. Desde el principio, en la Iglesia hay santos pero también hay quienes se han pasado al bando de la ramera, actuando con infidelidad. En medio de esta lucha, la Iglesia continúa propagando el Reino de Dios y los que abren su corazón reciben la gracia. El Apocalipsis presenta a los santos y mártires como testimonio y fruto de la Iglesia que da nueva vida. En todos los siglos la Iglesia ha dado este fruto de santidad que continuará hasta la segunda venida del Señor. Este mensaje corresponde al Evangelio. Los cristianos estamos llamados a la santidad, a ser la sal de la tierra y luz del mundo. La Iglesia es como el grano de mostaza, pequeñito pero que crece y es capaz de prevalecer. Así la Iglesia prevalece sobre el imperio y crece hasta llegar a los confines de la tierra. (corazones.org)